Relatos Fantásticos
Entre los sordos y estrepitosos ogros del barranco, hasta las suaves y guerreras ninfas del bosque me hallaba.
Entre medio de una guerra. Ogros contra a Hadas, los fuertes e inmortales ogros se hallaban en sus cuevas preparados y planeando como atacar.
Las pequeñas y rápidas hadas afilaban sus espadas y se escondían esperando su llegada entre las hojas.
Las Sirenas cantaban, querían detener la lucha con su canto bestial, pero eso solo hacía aumentar sus ganas de sangre sin que ellas lo supiesen.
Y allí estaba yo, una pequeña elfo, escondida entre la hierba, mi melena blanca cual nieve en invierno se hacía brillosa al contacto con el sol, mi desgastada armadura pesaba como miles de árboles sobre mi espalda. Mis puntiagudas orejas buscaban señales de seres acercándose a mi.
La hierba picaba en mi nariz, haciéndome largar alguno que otro estornudo.
Lenta y silenciosamente me moví entre dicha, mi plan era llegar al reino Heaven, donde las discusiones y peleas eran inexistentes.. Pero algo se interpuso en mi camino, caí al suelo a causa de un cuerpo. Era más grande que yo, podré apostar a que choque con su pecho.Nosotros eramos gobernados por aquellos llamados Guerreros Indomables, claramente habían dos tipos de guerreros, los Teriomorfos, aquellos que se transformaban en animales de cualquier tipo; y los omnipotentes Telequinesiástas,capaces de mover cualquier cosa sin alzar un solo dedo.
Levanté mi cabeza para encontrarme con lo que parecía ser un joven de mi edad, más alto y fuerte. Su cabello oscuro se agitaba con el viento, sus ojos cual color del océano profundos y brillosos demostraban un carácter prestigioso y de alta bondad. El me miraba tanto como yo a el. Era como un vicio, del cual ninguno quería escapar.
Me dedique a levantarme y sacudir el inexistente polvo para no quedar mirándolo, esto se volvía incómodo.
Al ver mi gesto en señal de defensa empuñó su espada y me apunto con ella. Mis ojos se abrieron y mis pupilas se dilataron. En un rápido movimiento saqué mi arco y lo cargué con una vieja y oxidada flecha, que a pesar de haber perdido su brillo, estaba tan filosa como el diente de un dragón.
Formamos una especie de círculo continuo por el que caminábamos esperando e movimiento del otro.
Nuestras respiraciones agitadas se mezclaban en aquel aire, el sol brillaba con más intensidad haciendo que estas armas se vieran diferentes, como si estuviesen encantadas. Mi miraba se fijaba en sus ojos, sus ojos estaban más oscuros, representaban valentía. El no parecía alguien peligroso, pero debía de cuidarme, al estar en medio de una guerra no sabía en quien confiar.
Sus ojos penetraban mi mirada, después de todo no era alguien tan valiente como el demostraba ser.
Bajo su espada y me relajé, aflojando el agarre puesto en el arco de la flecha. Se acercó lentamente a mi de un largo paso, a lo cual yo respondí retrocediendo. El rió ante mi gesto y me tendió su mano en forma elegante de presentación. Nerviosa y desconfiada la tomé mientras mi mirada no lo dejaba pasar por alto.
Me dedicó una sonrisa. "Soy Kilian Modig, mucho gusto señorita." realizó una pequeña reverencia a lo cual yo largué una tímida risa. El esperando mi respuesta me miro con unos ojos más claros que antes. "Mi nombre es Jano Zvit,estoy encantada de conocerlo bondadoso caballero." dije en tono de burla e imite una reverencia de dama llevándome una contagiosa risa de su parte a la cual yo me uní.
"¿Qué hace una pequeña elfo entre las hierbas?" habló con cierto tono de gracia y curiosidad. "Me dirijo al reino de la paz" solté de repente llevándome un golpe mental de parte de mi cerebro, acababa de haberle revelado mi plan secreto a un completo desconocido. Sonrió ante mi aclaración y al ver mi desalineada mueca luego. "¿Podría acompañarte este servicial Teriomorfo?" lo miré sin poder creer lo que decía, un autentico Teriomorfo frente a mi. Asentí apenas escuche dicha palabra. Al fin y al cabo sería un buen acompañante en varios aspectos.
Escuche sus mejillas arrugarse mostrando una sonrisa arrogante, a lo que yo le eche mi lengua. "Que seas uno de ellos no significa nada" solté para seguir caminando.
Me siguió el paso a unos centimetros de distancia, observándome, eso me ponía nerviosa. La sedosa brisa que corría por nuestros cuerpos, dando una cálida sensación de armonía, nos deleitaba con su infame sonido haciéndonos detener para escucharla.
A lo lejos vimos una gran figura inhumana, esta mostraba un alto y ancho edificio, por el cual nos dejaba entrar a miles de nosotros, o al menos ese espacio se hacia visible e imaginario a mis ojos.
Nos acercamos a dicho asentamiento, el iba delante mío acercando su mano a la funda de su espada. Por mi parte, me digné a colocar una flecha en el arco y apuntar al suelo, si algo nos atacaba estaríamos dispuestos a defendernos.
Una suave brisa corría por aquel remoto lugar. Unas grandes escaleras en forma de rosca ascendiente se posaban ante nuestros pies, como si hubiesen aparecido de la nada. Un pequeño cartel apareció de la nada, estaba con una fina letra inclinada un poco hacia la derecha. "Esta propiedad es perteneciente al Consejo De Magia y Lucha, si usted es miembro de este digite su número de credencial, si no es así, le pedimos amablemente que se retire o sufra las consecuencias. Atentamente el CML". Un escalofrío me recorrió y al parecer el joven Kilian lo sintió. Largo una risotada y se acercó a aquella carta independiente. Saco una pluma descastada de dragón y escribió un par de números. Automáticamente la letra de la carta iba cambiando, ya no decía lo anterior. "Le damos la bienvenida señor Gerald Incanto. Espero disfrute su estadía, si necesita de manera imprescindible nuestros servicios no dude contactarnos a través del hechizo Karglux", lo miré impactada. "Digamos que tengo un amigo que pertenece al consejo y dejemoslo por ahí".

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